El congosto de Obarra es un sobrecogedor y estrecho desfiladero con grandes paredes verticales que guían al río Isábena.

Lo podemos recorrer por la carretera que dirige al monasterio de Obarra, dirección Bonansa.

En la entrada de este pintoresco Congosto, (denominado también Garganta de la Croqueta) y junto al río Isábena destaca este emblemático monasterio, declarado monumento histórico-artístico, cuyo edificio mejor conservado es la iglesia románica lombarda de Santa María de finales del siglo XI, con tres naves y sus respectivos ábsides decorados con arquillos ciegos y lesenas.

Santuario de Santa Maria de Obarra de Agustí Sentelles
Santuario de Santa Maria de Obarra de
Agustí Sentelles

El antiguo monasterio, del siglo XV está en ruinas.

ruinas-obarra

La iglesia de San Pablo pudo ser la primitiva iglesia del monasterio.

La constancia documental más antigua de este monasterio corresponde al año 874, aunque sería refundado por el conde Bernardo de Ribagorza y la condesa Toda Galíndez en el siglo X.

El puente medieval en realidad es una recreación moderna puesto que el 2 de agosto de 1963 una riada se lo llevó completamente.

Entre las múltiples leyendas que se relacionan con el Monasterio está la del varón después, desaparecido misteriosamente en el Congosto.

Leyenda del Barón de Espés

Hubo una vez en Espés un Barón tirano y vanidoso. Era el Barón Don Bernardo. Tenía esclavizados a sus siervos y ansiaba a una joven novicia del monasterio de Obarra. Pronto empezó a mandar regalos al Monasterio para que se le diese a la jovencita como esposa. Tanto los frailes como los vasallos estaban hartos de sus actitudes ya que no respetaba ni lo más sagrad, e hicieron causa común para acabar con él. Un buen día, el Barón acudió, como de costumbre, a cazar al monte. Tras él iba medio señorío en su busca.

Una bruja del Turbón acudió a prevenirle…

Barón d’Espés, barón d’Espés si a Obarra ba,
a Espés no i tornarás més

A lo que él sin miedo contestó

¿En los tres gosos que porto
y l´aspingarda?
Torná o no torná
a Obarra vuy aná

Sin detenerse siguió su camino pero cuando se adentro en el barranco, desde arriba los aldeanos le lanzaron piedras, y en el valle, los monjes les soltaron perros mastines rabiosos. Al día siguiente encontraron al barón de Espés , muerto y a tres perros despedazados a su lado.

Cuando se presentó la justicia nadie sabía nada. El misterio se extendió a su alrededor. La Justicia nunca aclaró aquel crimen, lo que contribuyó todavía más a dar pábulo a la leyenda. “Habrán sido las brujas del Turbón…”

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