Piracés: un rincón donde la piedra cuenta historias 🏰

Hay pueblos que te atrapan sin pretenderlo. Piracés, situado en la Hoya de Huesca, es uno de esos lugares que guardas en la memoria, un pequeño tesoro escondido entre los ríos Flumen y Guatizalema donde cada roca parece querer contarte algo.

La imponente Peña Mediodía
Una de las protagonistas de esta localidad es la Peña Mediodía. Esta mole de 80 metros de largo y 25 de altura se llama así porque el sol la baña completamente cuando marca las doce. Subir hasta su cumbre es como viajar al pasado: aquí, entre los siglos IX y X, los musulmanes levantaron un castillo que controlaba todo el territorio. Las escaleras talladas en la roca todavía están ahí, susurrando historias de cuando Piracés era Bitra Sily y formaba parte del sistema defensivo de Wasqa, la antigua Huesca.
La fortaleza aguantó siete años más que la propia Huesca. Cuando Pedro I de Aragón conquistó la ciudad en 1096, Piracés resistió hasta 1103. Desde aquella atalaya se dominaba la calzada romana que unía Lérida con Huesca. Un lugar estratégico donde los haya.


Árboles de granito negro
Junto a la ermita de la Virgen de la Corona, del siglo XII, te espera una sorpresa: ocho monolitos de granito negro de más de cinco metros se alzan desafiantes contra el cielo. Es «Árboles como Arqueología», la obra del escultor Fernando Casás que forma parte del proyecto Arte y Naturaleza del CDAN.
Casás quiso hacer visible lo invisible: los bosques que cubrieron esta tierra hace millones de años. Esas sabinas y encinas que cedieron su espacio al tiempo y a la huella humana. Los monolitos son su memoria en piedra, un homenaje poético a lo que fue.

El pueblo y sus secretos
En el casco urbano, las calles se adaptan al terreno irregular con ese encanto de los pueblos que crecieron sin prisa. La iglesia de San Pedro, gótica tardía, muestra su torre de cuatro cuerpos, el último ochavado y del siglo XVIII.
No te pierdas El Pozo, una joya escondida: una fuente aljibe musulmana del siglo X con escaleras excavadas en la roca y una bóveda de cañón de sillería que te deja sin palabras.

Un lugar para sentir
Piracés es de esos sitios no tan conocidos que se sienten más que se ven. Es el silencio de la estepa, la amplitud del horizonte, el peso de la historia bajo los pies. Un pueblo pequeño, de apenas cien habitantes, que concentra siglos de vida en cada rincón.
Si buscas un lugar donde desconectar, donde caminar sin prisas mientras el paisaje te envuelve, donde la historia se respira en el aire… Piracés es tu lugar.